El 3 de Enero: El Día que la Propaganda se Incendió en Fuerte Tiuna
Por: Un ciudadano desde el corazón de la incertidumbre
La historia de las naciones suele escribirse en los grandes despachos, pero la verdad —la única verdad que importa— se vive en la oscuridad de un apartamento a las tres de la mañana, con las luces apagadas y el corazón latiendo al ritmo de explosiones que nadie nos explicó.
El pasado 3 de enero de 2026, el mito del "ejército inexpugnable" y de la "soberanía blindada" se desmoronó en apenas 45 minutos. Mientras helicópteros extranjeros operaban con precisión quirúrgica sobre el Fuerte Tiuna y otros puntos estratégicos del país, los venezolanos descubrimos, entre el humo y el silencio de las redes telefónicas, que estábamos huérfanos de protección.
La humillación del papel
Es doloroso admitirlo, pero el Ejército de Venezuela quedó para la historia en una posición de absoluta indefensión. No hubo una respuesta contundente, ni un leve rasguño al grupo atacante. Aquel aparataje militar que en los desfiles parecía invencible, resultó ser, en la práctica, un gigante de papel. Mientras jóvenes militares —carne de cañón de una desinformación sistemática— caían en enfrentamientos desiguales, la alta cúpula brillaba por su ausencia.
El show vs. El hambre
A las diez de la mañana, cuando el internet regresó a cuentagotas, la indignación reemplazó al miedo. Mientras en Venezuela nos imponían un "toque de queda" y un decreto de conmoción externa para esconder la incapacidad de reacción, el mundo se entretenía con el "outfit" de Nicolás Maduro en Nueva York.
Resulta obsceno ver a sectores de la comunidad internacional celebrar una "extracción" como si de una película de Hollywood se tratara, ignorando que en las calles de Caracas, Valencia o Maracaibo, el ciudadano sigue con pánico. El miedo hoy no es a un misil extranjero; el miedo es al policía de la esquina y al colectivo armado que, bajo el amparo de la zozobra, sigue amedrentando al pueblo y permitiendo que la comida alcance precios prohibitivos.
¿Quién manda en este laberinto?
Hoy nos dicen que Delcy Rodríguez preside el país, pero que no está con Trump; y desde el norte, Trump dice que no está con los liderazgos opositores locales. En medio de ese juego de espejos, el venezolano sigue atrapado en la misma novela. No hay cambios reales, solo un cambio de escenario para los protagonistas de siempre.
La historia de la salida de Maduro está muy mal contada. No sabemos quién traicionó a quién, ni si esto fue un montaje pactado o una demostración de poder bruto. Lo que sí sabemos es que el mando político sigue siendo el mismo, que la seguridad es un espejismo y que nuestras familias no nos dejan salir a caminar tranquilos.
Venezuela no necesita más shows televisivos ni trajes de marca en cortes internacionales. Necesita la verdad y, sobre todo, recuperar la paz de poder caminar por sus calles sin sentir que el enemigo vive en el mismo barrio.
- Como Venezolano usted puede expresarse


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