martes, 25 de octubre de 2016

Períodos de la historia de Venezuela

La caracterización y la delimitación de períodos en la historia de Venezuela suscita algunos problemas específicos, además  de los propios de todo intento de periodificación. Dichos problemas tienen que ver con: 

1) La simultaneidad de los procesos de «descubrimiento», «conquista» y «colonización»; 
2) el lapso histórico abarcado por dichos procesos;
 3) la ubicación de la independencia misma;
 4) la ubicación de la República de Colombia (llamada Gran Colombia); 
5) la delimitación de la historia contemporánea;  y 
6) la correspondencia con la periodificación euro-occidental. A esta lista, no exhaustiva, de problemas historiográficos  específicos, cabe añadir los metodológicos básicos  de la periodificación, concerniente a: 
1) La universalidad de los criterios de periodificación; 
2) los cortes cronológicos; y 
3) la funcionalidad de los esquemas de periodificación. Es necesario prevenir contra la tendencia a subestimar la importancia de los problemas suscitados por la periodificación de la historia. Ellos comprometen la comprensión misma de la historia. El reducirlos a una operación de cortes, o de señalamientos, meramente cronológicos, vulnera la esencia misma de los procesos históricos, los cuales deben ser entendidos como una intrincada correlación de continuidad y cambio. Esta básica  comprensión de lo histórico es la primera en sufrir daño por causa de los intentos o esquemas de periodificación mal fundamentados, arbitrariamente realizados o sobrevalorados. Veamos, sumariamente, en qué consisten los problemas específicos. La simultaneidad de los procesos de «descubrimiento», «conquista» y «colonización» es una condición esencial del proceso global, sin la percepción clara de la cual es imposible captar la dinámica  del mismo y sobre todo, comprender los papeles respectivos desempeñados en él por los europeos y por los indígenas, primero, y por los criollos americanos, luego. 

El lapso histórico abarcado por los procesos denominados de «descubrimiento», «conquista» y «colonización» cobra nueva significación cuando se advierte que, en rigor, ellos se extienden hasta el presente, en  áreas de considerable extensión, puesto que la ocupación plena del territorio aún no se ha completado. Desde el punto de vista del relacionamiento con la base indígena, así como desde el de la significación del papel desempeñado por la población criolla y por los recursos generados en el propio territorio, la continuidad del proceso global es sumamente reveladora, como lo es también para la comprensión de formas actuales de ese relacionamiento que muestran escasa o ninguna variación esencial de las generadas en el siglo XVI. La ubicación de los considerados intentos precursores de la independencia, tiene gran importancia desde 2 puntos de vista: en primer lugar, en lo que concierne a la comprensión integral del período colonial, incluidos los procesos críticos del mismo; en segundo lugar, desde el punto de vista de la legitimación a ultranza de la independencia, que ha llevado a rastrear supuestos antecedentes en tiempos tan tempranos como la lógica histórica lo tolere. Dificultades equiparables suscita la ubicación de la independencia, pues lo que se pone en juego, de esta manera, es la visión nacional de la historia de Venezuela. Separar el período colonial del nacional tomando como criterio la declaración de independencia, la constitución de la Primera República, o aun la batalla de Carabobo, deja planteado el problema de la continuidad del régimen colonial en porciones del territorio (Coro y Maracaibo), así como su restablecimiento durante períodos comparativamente muy prolongados (7 años en la provincia de Caracas). En otras palabras, se plantea el problema de marcar el hito inicial de la República independiente. 

   Dificultades también equiparables suscita la ubicación de la República de Colombia, 1821-1830. 
¿Debe considerársele  parte de la Independencia? ¿Se trata del inicio pleno de la República independiente? ¿Constituye, en sí, un período de la historia de Venezuela, intermedio entre el colonial y el nacional? Por su parte, la delimitación de la historia contemporánea  suscita especiales dificultades, derivadas tanto de la periodificación escolar, por mucho tiempo calcada de la historia nacional francesa, como por la prejuiciada identificación de la larga tiranía de Juan Vicente Gómez con un siglo XIX latifundista y caudillesco. Resultado de imagen para las divisiones en los continentes europeos

Por último, deben tomarse en consideración las dificultades planteadas por la correspondencia entre la periodificación de la historia de Venezuela y la euro-occidental, o si se quiere en otros términos: por la ubicación del proceso histórico venezolano en el esquema supuestamente universal generado por la historiografía europea. Con lo antes dicho entramos a considerar la problemática  metodológica básica  de la periodificación, y en primer lugar su universalidad. A este respecto, León E. Halkin recomienda que: «No olvidemos que las divisiones clásicas  de la historia, trátese  de las seis épocas de San Agustín o de las cuatro edades de Hegel, no se aplican sino a la historia general del Mediterráneo  y de Occidente. Aún no se han imaginado divisiones válidas  a la vez para el arte y para las instituciones, para China, México, Rusia y Francia. Las divisiones usuales han sido obra de europeos; están  hechas para europeos. Por ello mismo disminuye su importancia. Su exactitud no es mucho mayor, incluso para la sola Europa». No es menor la dificultad planteada por los cortes cronológicos, no ya desde el punto de vista de la continuidad y la discontinuidad de la historia, en el sentido de la imbricación de los procesos, sino desde el punto de vista de la correlación de los diversos tiempos históricos que son coetáneos  en un momento dado. En suma, indicios suficientes como para concluir, en cuanto a la significación de la periodificación, que ésta constituye un expediente o recurso analítico de uso delicado, en el sentido de que su empleo debe ir acompañado de las prevenciones del caso. Entre éstas merecen ser subrayadas dos: en primer lugar, la periodificación no es jamás  innocua; en segundo lugar, sólo una clara, explícita y crítica fundamentación criteriológica hace útil el empleo de un esquema de periodificación.
      Criterios seguidos en la periodificación  de la historia de Venezuela
Antes de hacer una presentación crítica de los esquemas de periodificación aplicados a la historia de Venezuela, es conveniente tratar de identificar los criterios que les han servido de fundamento, algunas veces en forma explícita, la más  de las veces en forma implícita. Al respecto cabe puntualizar que la crítica historiográfica  permite identificar dichos criterios, aun cuando el autor del esquema no haya tenido conciencia de su explicación. Este último es el caso de la generalidad de los historiadores venezolanos, y es la comprobación de este hecho uno de los fundamentos que ha permitido señalar la falta de elaboración metodológica como una de las características de la historiografía venezolana. Parece posible identificar criterios básicos  de periodificación de la historia de Venezuela: 1) El directamente trasladado de la historia «universal» euro-occidental; 2) el correspondiente a la perspectiva de la historia nacional; 3) el específico o ad hoc; 4) el cronológico; 5) el propio de la época contemporánea;  y 6) el histórico integral.
Los esquemas de periodificación directamente trasladados de la historia «universal» euro-occidental revelan tan fácilmente  su incongruencia que sorprende al espíritu crítico su prolongada vigencia, de no ser porque tras ella subyace la irredimible aspiración del criollo a vincular su historia con la de la o las metrópolis europeas. La base de esta traslación es la secuencia Edad Antigua, Edad Media, Edad Moderna, Edad Contemporánea,  para las cuales se hace forzoso encontrar equivalente en el proceso histórico venezolano, y que por lo mismo compromete la conciliación entre el largo período en el cual se inscribe la historia euro-occidental y el corto período en el cual se inscribe la historia de la sociedad criolla, si bien para superar ese obstáculo  se echa mano del pasado aborigen, convirtiéndolo en la Edad Antigua o en la Prehistoria, según los casos de la evolución de la sociedad criolla. El esquema de periodificación basado en el concepto de historia nacional corresponde a un momento de la historia de la historiografía venezolana, prolongado hasta el presente, en el cual el objetivo primordial no era formar conocimiento sino promover el proyecto nacional. En consecuencia, la formulación del mismo se volvía el más  claro indicio de que con él se iniciaba un nuevo período y, lo que es más,  respecto del cual todo lo sucedido previamente se convertía en un antecedente. De allí la división en período colonial y período nacional. Es oportuno señalar que si bien se es por lo general muy terminante al hablar de período o historia colonial, no han faltado historiadores que refuten esta denominación, bien sea por el propósito de rastrear en él indicios claros de la nacionalidad (se mencionan entonces las reformas de Carlos III), bien sea para diferenciar la relación con la metrópoli española de la vinculación imperialista moderna (se utiliza en este caso la denominación historia o período provincial, y se alega que el término colonia fue específicamente proscrito por la metrópoli). En lo concerniente al período nacional, puede señalarse que no siempre se utiliza esta denominación, sino que suele utilizarse como sinónimo el de «república», si bien el hacer esto no conlleva la aceptación de la denominación «período monárquico»  para el colonial, por cuanto la concepción misma de la historia nacional ha sido llevada al extremo de negarle autenticidad al pasado monárquico.  Se pretende afirmar, de esta manera, que la sociedad venezolana nunca fue realmente monárquica.  Los esquemas de periodificación basados en criterios específicos o ad hoc están  referidos a momentos o procesos propios de la evolución histórica de Venezuela. Presentan la dificultad de que reducen las posibilidades de comprensión de los procesos históricos al desvincularlos de las categorías de la historia universal europea. El uso de estos criterios de periodificación presupone la especificidad, o en todo caso un cierto grado de ella, de la evolución histórica de la sociedad criolla venezolana. A este respecto cabe formular algunas consideraciones.
En primer lugar, «...hablar de un proceso histórico específicamente venezolano sólo sería posible si se disimulara la muy dudosa validez de esa especificidad, pues por su desarrollo histórico, Venezuela (es decir la sociedad implantada o criolla) ha estado inmersa y en permanente vinculación, respecto del desarrollo histórico europeo-occidental...» En segundo lugar, «...sustraer a Venezuela del cuadro de la historia universal europea significaría adoptar una perspectiva limitada, y hasta falsa, que impediría comprender la realidad histórica venezolana al escamotear la interacción, frecuentemente determinante, con lo universal así definido...» En tercer lugar, «...si se parte de la aceptación del vínculo con la historia universal europea, pero sin incurrir en el simplismo de pretender <reproducirla> en todos sus períodos, podría quizá  admitirse la siguiente periodificación: Prehistoria (hasta el descubrimiento, entendido en sentido lato); Edad Moderna (cuyo límite dependería del criterio que al respecto se adoptase); y Edad Contemporánea  (en iguales condiciones). Pero no será  fácil,  para muchos historiadores, renunciar a una suerte de feudalismo venezolano sin Edad Media...» En cuarto lugar, parece lícito pensar que «...en ese marco universal tendrían cabida las caracterizaciones y periodificaciones inspiradas en lo  específico americano, así como en la periodificación universal europea caben matices regionales y aun nacionales. El error estaría en trasladar mecánicamente  toda la periodificación universal europea...» Quizá  sea necesario tener presente que la historia de la sociedad implantada venezolana se desenvuelve en el  ámbito de la Edad Moderna europea, pero en las condiciones de América.
Los esquemas de periodificación basados en el criterio cronológico encubren, con su aparente sencillez, toda una intrincada problemática  metodológica que se puede expresar como la frecuente inadecuación entre el tiempo histórico y el tiempo cronológico. En efecto, repartir la historia en siglos y en años plantea difíciles problemas en cuanto a la continuidad de los procesos históricos, pero también en cuanto a la significación propia de cada uno de los lapsos. Por ejemplo, ya se ha señalado la imbricación entre el período colonial y el nacional, pero también cabría aducir que el siglo XVII venezolano se encuentra atrapado entre un vastísimo y denso siglo XVI, el cual aun no ha concluido en casi una tercera parte del territorio venezolano, y un no menos denso siglo XVIII, el cual sobrevive fragmentariamente en algunas explotaciones agrícolas y en las secuelas de la esclavitud. Por supuesto, le sigue un larguísimo siglo XIX que algunos autores prolongan hasta la década de 1940. La situación es más  comprometida en lo que concierne a los años «vacíos». Obviamente podrá  objetarse que tal situación sólo expresa la insuficiencia del conocimiento histórico disponible, o su excesiva sujeción a ciertos conceptos de lo histórico. Así, para la historiografía bélica los años de paz serían años sin historia. La evidente insuficiencia de la periodificación estrictamente cronológica aplicada a la historia universal europea indujo a adoptar una periodificación en épocas, las cuales se delimitaron sobre la base de características y no de hitos cronológicos. La periodificación de la historia de Venezuela según el criterio nacional sería, probablemente, su equivalente. También la caracterización y delimitación de la época contemporánea  de la historia de Venezuela suscita dificultades, unas referidas al proceso sociohistórico venezolano, otras referidas a la historia «universal» euro-occidental. La principal fuente de dificultades para la delimitación está  constituida por la significación histórica de las casi 3 décadas del gobierno de Juan Vicente Gómez, y a su vez, dicha significación está  vinculada con el profundo trauma causado por ese hecho en la conciencia intelectual de los venezolanos. Son 2 las actitudes principales: la de quienes buscan abrumar ese período histórico negándole  toda proyección en la modernidad contemporánea,  y para ello lo arropan con la ya comentada visión estereotipada del siglo XIX; y la de quienes buscan sobre todo marcar la diferencia con el período subsiguiente, y para ello no les basta con identificar este último con la democracia sino que lo hacen también con el siglo XX. En el fondo, es el mismo criterio que llevó a Mariano Picón Salas a señalar como hito el año de 1941, por ser el año de las primeras elecciones más  o menos democráticas  ocurridas en Venezuela durante el siglo XX; o el que indujo a J.M. Gornés Mac Pherson a dividir la «historia de Venezuela libre» en 2 grandes períodos: el de la independencia nacional y el de la independencia económica, tomando como criterio el pago del saldo de la deuda externa en 1930. Rubén Carpio Castillo relaciona el advenimiento del siglo XX, y con ello de la Edad Contemporánea,  con la fundación de Acción Democrática.  Obviamente, si tomamos como guía la ocurrencia de hechos trascendentales, la nacionalización del petróleo podría reclamar merecida atención, y con ello se complicarían más  las cosas.
A estas dificultades deben sumarse las surgidas de la vinculación de la historia de Venezuela con la «universal» euro-occidental. Hay 3  áreas, cuando menos, en las que se manifiesta esta situación: en primer lugar, la todavía no del todo superada delimitación de la Época Contemporánea  a partir de la Revolución Francesa; en segundo lugar, el tomar como hito para la humanidad toda, y por consiguiente también para Venezuela, la Revolución Rusa; y por último, la pretendidamente hábil  solución de tomar como criterio el de «la historia más  reciente», lo que no hace sino transferir el problema. Un estudio metodológico específico propone como punto de inicio de la Edad Contemporánea  venezolana la Segunda Guerra Mundial, con una fase o etapa de transición que abarca los años 1928-1936-1945. La periodificación, fundada en un criterio histórico integral, pretende tomar como elemento central justamente lo que constituye la traba de otros esquemas, es decir, la continuidad de los procesos históricos; la coexistencia de tiempos históricos diferentes, expresada en el alto nivel de contemporaneidad de la formación histórica venezolana; y la simultaneidad de los procesos conformativos recogidos en el concepto de implantación (por ejemplo, un siglo XVI que corre hasta el presente en los modos del relacionamiento con las sociedades aborígenes). El propósito de captar esta imbricación de procesos simultáneos,  continuos e interrelacionados, llevó a adoptar la división en fases, sin sujetarse a términos cronológicos estrictos, como se verá  más  adelante.
Como se habrá  podido apreciar, este intento de identificación de los criterios básicos  seguidos en los esquemas de periodificación de la historia de Venezuela admite la posibilidad de diversas combinaciones de los mismos. Es más,  puede afirmarse que en rigor, no suelen aplicarse aisladamente. Ciertamente que contribuye a crear esta situación «...la falta de legitimación metodológica observable en los esquemas de periodificación elaborados por la historiografía venezolana...», y la cual se advierte por igual en las periodificaciones que siguen patrones derivados de la historiografía universal y en los esquemas ad hoc, y se manifiesta la ausencia de legitimación metodológica tanto en el uso del orden cronológico como en los criterios seguidos para fragmentarlo. En el primer caso se observa que existe confusión entre el largo y el corto período histórico, y esto hasta el punto de que se llega a demarcar períodos en cuya estrechez resulta imposible pensar que pudieran formarse y adquirir plena entidad formas históricas características, no ya estructurales sino incluso secundarias: así, encontramos períodos que equivalen a siglos, décadas e incluso lustros, situados en un plano de correspondencia que resultaba históricamente insostenible. En cuanto a los criterios de periodificación, éstos suelen ser más  o menos indeterminados y por lo general cambian en el desarrollo de un mismo esquema, con lo que la periodificación pierde todo sentido.
Para apreciar mejor el juego de los criterios de periodificación seguidos en los esquemas de periodificación de la historia de Venezuela, es útil pasar revista a algunos ejemplos representativos, agrupándolos  en 3 grandes rubros: 1) El de los inspirados en los esquemas más  usuales de la historia «universal» euro-occidental; 2) el de los inspirados en criterios específicos o ad hoc, y 3) el basado en el criterio histórico integral. En lo que concierne a los esquemas inspirados directamente en los más  usados en la historiografía «universal» euro-occidental, y acerca de los cuales ya se ha dicho que generalmente son una traslación metodológica, suele jugarse con el esquema Edad Antigua, Edad Media, Edad Moderna y Edad Contemporánea,  como lo hizo Eloy G. González,  cuando refiriéndose a Simón Bolívar, diferenció su suerte de la de Francisco de Miranda en «nuestra edad antigua» y la de J.M. Vargas en «nuestra edad media». Francisco Javier Yanes, hacia 1840, había dividido la historia de Venezuela en «antigua» y «contemporánea»,  tomando como divisoria la independencia. Por su parte, Felipe Tejera, en su Manual de historia de Venezuela, utilizó la división entre «historia antigua» e «historia moderna», subdividiendo a su vez esta última. Es necesario hacer algunos señalamientos en cuanto al uso de los esquemas directamente inspirados en la periodificación de la historia «universal» euro-occidental. En primer lugar cabe referirse a la relación que guardan con los esquemas basados en criterios específicos o ad hoc. Es posible pensar que los inspirados en la historia «universal» rigen para el largo período, mientras que los otros lo hacen para el corto y el breve período. Pero esta distinción pierde fuerza cuando advertimos que casi toda la vida histórica de Venezuela transcurre en la Edad Moderna, antes de la cual sólo cabría hablar de una extensa y difusa era precolombina o prehispánica,  lo que haría del todo imposible pensar en algún equivalente de las edades Antigua y Media europeas. Por otra parte, bien puede pensarse que el empleo de esa periodificación por Eloy G. González,  Francisco Javier Yanes y Felipe Tejera «...no responde a una similitud o correspondencia de sus contenidos históricos con sus equivalentes europeos, sino tan sólo al propósito de marcar hitos o etapas que permitieran diferenciar estudios de la vida histórica de Venezuela...» En el caso de Eloy G. González  la Edad Antigua sería un período de inicio indeterminado que se cerraría con el logro de la independencia, iniciándose  entonces la Edad Media, la cual culminaría en algún momento antes de la publicación de su obra Al margen de la epopeya (1906). Es muy marcada la desproporción cronológica entre ambos períodos, pues la Edad Media cubriría menos de un siglo. En el caso de la periodificación establecida por Felipe Tejera, si tomamos en cuenta la fecha de 1873, en la cual aparece prologada, así como el hecho de que por historia moderna se entiende la que se inicia en 1821, queda clara la no correspondencia con el concepto de historia moderna utilizado en la historiografía «universal» euro-occidental: así, la Edad Antigua de Venezuela (desde 1500 hasta fines del siglo XVIII) correspondería a la Edad Moderna europea, mientras que la Edad Moderna venezolana correspondería a una parte de la Edad Contemporánea  europea, según la periodificación clásica  que hace arrancar ésta de 1789. En lo que concierne a los esquemas de periodificación apoyados en criterios específicos o ad hoc, es necesario observar, en primer lugar, que varían siguiendo una pauta dada por el esquema de periodificación que distingue básicamente  entre Colonia, Independencia y República, según un criterio político. En el período colonial se incluye el pasado aborigen como antecedente y se demarcan etapas denominadas «descubrimiento», «conquista» y «colonización», sin fijar criterio respecto de la simultaneidad o secuencia de las mismas. Se suele fraccionar la Independencia en «repúblicas», estableciéndose también una diferenciación mayor entre 2 etapas deslindadas a partir de la constitución de la República de Colombia, y en «años». Al considerar críticamente las muestras de este patrón de periodificación, puede concluirse que su carácter  ad hoc más  que significar un intento de captación de lo específico del proceso histórico venezolano, demuestra subordinación a lo históricamente circunstancial, si es que no denota arbitrariedad interpretativa. Rafael María Baralt estableció este patrón de periodificación al dividir su obra en 2 partes: Resumen de la historia de Venezuela desde el descubrimiento de su territorio por los castellanos en el siglo XV, hasta el año 1797 y Resumen de la historia de Venezuela desde el año de 1797 hasta el de 1830 (1841-1843). Al tomar la conspiración de Juan Bautista Picornell, Manuel Gual y José María España como divisoria entre el período colonial y el inicio de la Independencia, sentó la pauta de aislar del período anterior a la independencia y sus prolegómenos. Guillermo Tell Villegas, en su obra Instrucción popular en Venezuela (1899), fundándose  en un expreso criterio político, distinguió 4 estadios o fases políticas: «...Primera. La del tiempo que permaneció bajo el gobierno de España, o séase la colonial, que principió el 1 de agosto de 1498, en que las carabelas ibéricas descubrieron nuestras costas, y su jefe tomó posesión de nuestro país a nombre de la Corona de Castilla, hasta el 19 de abril de 1810, en que el país, iluminado políticamente por la antorcha de la revolución francesa, y con la conciencia de su derecho, dio el primer paso que lo separara de la madre patria. Segunda. La de la guerra, comenzada por España, que rechazó la demanda, y terminada en el glorioso campo de Carabobo el 24 de junio de 1821. Tercera. La que en 1821 principió en la cuna, y en 1830 terminó en la tumba de Colombia, de esa colosal República que surgió para crear una ilusión y engendrar una esperanza. Cuarta. La de su autonomía, que data desde 1830 en que, separándose  de la unidad colombiana, tomó asiento entre las naciones soberanas...» Sorprende, en este esquema, la ingenuidad en la demarcación cronológica de los estadios, que llega hasta señalar año, mes y día, sin tomar en consideración la imbricación de los procesos políticos. Igualmente llama la atención el desequilibrio cronológico entre los estadios. José Gil Fortoul, en su Historia constitucional de Venezuela (1907), introdujo una variante inspirada en el ordenamiento constitucional. Distingue un primer período denominado Colonia, que culmina en 1809, con lo que se diferencia significativamente del esquema aplicado por Baralt, por cuanto considera los primeros síntomas de la crisis política de la sociedad colonial como parte del período colonial. El segundo período, «La Independencia», se inicia en 1810 y culmina con la «Disolución de Colombia» y la muerte de Bolívar, en 1830. El tercer período, «Reconstitución de la República. La Oligarquía Conservadora», se inicia en 1830 y se cierra con los acontecimientos del 24 de enero de 1848. El cuarto período, «La Oligarquía Liberal», se extiende hasta 1863. Además,  previó otros períodos denominados «La Federación», «La Autocracia», El Eclecticismo» y «La Restauración», con lo que habría pagado tributo a lo meramente circunstancial hasta debilitar todo su esquema, en el cual lo más  novedoso fue la periodificación del lapso 1830-1863, que ha perdurado hasta hoy. Respecto de este esquema de periodificación, el cual enriquece el esquema básico  respetándolo  en lo esencial, es oportuno señalar que en su concepción pesa mucho el criterio constitucionalista del autor, el cual le lleva a centrar su historia en la evolución de la forma constitucional, aunque sin desatender la práctica  política consiguiente. En cuanto a su demarcación en «oligarquías», pareciera que no tuvo por objeto el delimitar períodos históricos en sentido estricto, sino que constituye un recurso metodológico para diferenciar estadios de un período republicano que, al aparecer indiviso, sugeriría una homogeneidad engañosa. Esto último permitiría comprender, de paso, la secuencia de microestadios sucesivos que el autor no llegó a tratar. Es decir, que de esa manera su periodificación quedaría reducida a los 3 períodos básicos:  Colonia, Independencia y República.
En la extensa gama de los esquemas de periodificación basados en criterios ad hoc, ocupan un lugar especial los que toman las «revoluciones» como hitos. Andrés Ponte ofrece en su obra Cómo salvar a Venezuela una muestra especialmente elocuente de este género de periodificación. Distingue «nueve períodos de revoluciones»: 1810-1819; 1819-1830; 1830-1846; 1846-1858; 1858-1863; 1863-1868; 1868-1870; 1870-1900 y 1900-1935 (la obra fue publicada en 1936). En este esquema es claramente perceptible la desproporción cronológica entre los períodos, así como el hecho de que en el más  prolongado de ellos, es decir el que corre entre 1900 y 1935, no hubo, según el autor revoluciones «...en el sentido técnico de la palabra [...] sólo algunos golpes de mano, no insurrecciones...», lo que significa que no se rige por igual criterio que los períodos precedentes. Substrayéndose en gran parte al patrón básico  de periodificación enriquecido por José Gil Fortoul, en años recientes se han propuesto algunos esquemas de periodificación que caben también en el rubro de los fundados en criterios ad hoc, aun cuando alguno de ellos incorporen nuevos componentes historiográficos  e ideológicos. Entre estos esquemas interesa comentar especialmente, por su proyección prolongada en la historiografía venezolana, el empleado por Carlos Irazábal  en su obra fundamental, Hacia la democracia. Distingue 5 períodos denominados: «La Colonia», «La Independencia, «El régimen democrático  no se estabiliza», «La matriz del absolutismo» y «Hacia la democracia». En rigor, el último no es propiamente un período sino una prospectiva ideológico-política. Por constituir la obra más  bien un conjunto de ensayos que una exposición sistemática  del proceso histórico venezolano, no resulta fácil  establecer la correspondencia con demarcaciones cronológicas. No es exagerado decir también que la periodificación sobre la cual se erige combina lo tradicional con lo circunstancial, no parece obedecer a criterios claros, mucho menos expresos, y lo más  significativo, no evidencia el propósito de elaborar un esquema de periodificación fundado en el materialismo histórico, del cual es sin embargo avanzada en las ciencias sociales venezolanas. Consideraciones semejantes, en cuanto a la indeterminación metodológica y criteriológica, pueden hacerse acerca del esquema elaborado por Federico Brito Figueroa para su Historia económica y social de Venezuela. Distingue 3 grandes períodos: «La Formación de Venezuela», «Venezuela siglo XIX» y «Venezuela siglo XX» y en este último, establece 2 épocas: «Venezuela en la época de la penetración imperialista» y «La época del neocolonialismo». La fundamentación criteriológica de este esquema de periodificación no queda clara, pues combina la estructuración cronológica tradicional con una visión del siglo XX inspirada en una concepción marxista no elaborada.
En lo que concierne a la periodificación basada en un criterio histórico integral, cabe decir que constituye un intento de replanteamiento metodológico de la periodificación de la historia de Venezuela, atendiendo al conjunto de los factores históricos, y superando las periodificaciones fundadas en la «universal» euro-occidental y en los criterios ad hoc. La proposición más  acabada, en este sentido, sirve de estructura a la obra Formación histórico-social de Venezuela, elaborada por el equipo sociohistórico del Centro de Estudios del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela. Sobre la base de una indagación metodológica sistemática,  referida tanto al conjunto de las sociedades latinoamericanas como a la venezolana, se adoptó un criterio de periodificación que obedece a una nueva percepción de la especificidad de la formación social venezolana, basada en 2 rasgos fundamentales: 1. «...La unidad del proceso sociohistórico de la formación social venezolana, que puede ser analizado como un proceso de implantación aún no concluido, 2. El alto grado de contemporaneidad...» En cada momento de ese desarrollo sociohistórico se aprecia la presencia simultánea  y articulada de elementos generados en diferentes momentos de ese desarrollo. De esta manera, la realidad presente se constituye de una simultaneidad de elementos sociohistóricos. Para intentar recoger esta dinámica  histórica, se opera con 3 fases: Fase de estructuración de los núcleos primeros y primarios de implantación; Fase de conformación, fraguado y crisis de la formación social venezolana; y Fase de estructuración capitalista de la formación social venezolana. De esta manera, el proceso histórico venezolano a partir de 1500 es concebido como el juego de las 3 fases a medida que adelanta el proceso de implantación con la ocupación plena del territorio. En su obra Una ojeada al mapa de Venezuela, Enrique Bernardo Núñez había anticipado en parte este esfuerzo de captación integral de la historia de Venezuela, en términos especialmente elocuentes al mismo tiempo que adoptaba el patrón básico  de periodificación: «...Tres son los períodos más  definidos de la historia de Venezuela a partir del descubrimiento por los europeos: Conquista, Colonización e Independencia, formas todas de un mismo proceso. Estas palabras son piedras mágicas  con la cuales es posible abarcar el pasado y el presente de nuestro país. La Conquista no concluye en el siglo XVIII. Ni la Colonia propiamente dicha finaliza en la Independencia. Fluye de todo esto una permanente actualidad. La historia contemporánea  nos hace volver los ojos hacia la plenitud de estos términos, Conquista, Colonización e Independencia. Son 3 etapas que se prolongan hasta nuestros días. Se diría que todo nuestro pasado fuese presente...»
Nueva problemática  de la periodificación  de la historia de Venezuela
Si bien la discusión en torno a los criterios aplicables a los esquemas de periodificación, así como la cuestión de la delimitación de los períodos, están  dominadas por consideraciones de orden metodológico y criteriológico, no debe perderse de vista la vinculación orgánica  que existe entre la periodificación de la historia y la comprensión de la misma, y el cómo ésta última se encuentra, a su vez, subordinada a la evolución histórica concreta, expresada en el grado de madurez alcanzado por la sociedad. En este sentido, puede afirmarse que se ha venido gestando una nueva problemática  de la periodificación de la historia de Venezuela, y que ésta se encuentra relacionada, fundamentalmente, con el cambio que se ha operado en la sociedad venezolana durante las últimas décadas. Para el caso, la expresión esencial de ese cambio consiste en que se plantea la necesidad de ampliar la perspectiva histórica, la cual ha permanecido casi hasta el presente absorbida por la preocupación de impulsar el proyecto nacional venezolano. Así como esta visión nacional de la historia de Venezuela relevó a la historia patria, consagrada ésta a la legitimación de la independencia, ahora se actualiza la urgencia de adoptar una perspectiva integral que permita captar la totalidad del proceso histórico de la sociedad venezolana, en la cual la nación representa una etapa que debe ser articulada históricamente con otras etapas que conforman junto con ella el curso global de la sociedad criolla, en conjunción con las sociedades aborígenes, insertas éstas en su propio curso histórico. De esta manera, la comprensión de la historia de la sociedad venezolana determina la obligación de elaborar un nuevo instrumental metodológico, que incluya el requerido por la periodificación. Puesta en esta línea de desarrollo, la comprensión de la historia de Venezuela habrá  de encarar, en mejores condiciones teóricas, el problema de su especificidad, así como el de su articulación con la historia «universal» euro-occidental, problema éste de cuya solución depende la correcta diferenciación entre el significado del vínculo histórico real que ha unido y une a Venezuela con esa historia «universal», y la visión euro-occidental de ese vínculo. Quizá  sea de cierta ayuda para el caso el comprender que la determinación del grado de especificidad del proceso histórico venezolano no depende tanto de la intensidad, y ni siquiera del sentido de ese vínculo histórico real, como del grado de autonomía crítica y de autenticidad sociocultural con que el criollo venezolano perciba ese vínculo. Se abriría, de esta manera, una nueva fase de la discusión sobre la problemática  de la periodificación de la historia de Venezuela.  

lunes, 24 de octubre de 2016

RAFAEL URDANETA

      RAFAEL  URDANETA    
          
   Maracaibo (Edo. Zulia) Nació 24.10.1788 _Murió en París, 23.8.1845

Militar y político; activo en la Guerra de Independencia de Venezuela y Colombia. Hijo de Miguel Jerónimo Urdaneta y Troconis y de María Alejandrina Farías. Hizo sus estudios de primaria en Maracaibo; después pasó a Caracas donde cursó latinidad y vuelto a Maracaibo, en 1799, estudió filosofía en el convento de franciscanos. Con el fin de ampliar su formación intelectual viajó a Santa Fe de Bogotá  en 1804, llamado por su tío Martín de Urdaneta y Troconis, quien desempeñaba el empleo de contador mayor del Tribunal de Cuentas. El 20 de julio de 1810 se incorporó al movimiento revolucionario que estalló en Santa Fe en aquella fecha. En 1811, bajo las órdenes del capitán  Antonio Baraya, hizo la campaña del sur de Nueva Granada y estuvo en la batalla del Bajo Palacé (28 marzo) contra las fuerzas del coronel Miguel Tacón. El 12 de octubre de ese año ascendió a capitán.  En marzo de 1812 salió de Santa Fe, integrante de una fuerza que, bajo el mando de Baraya, debía operar en Tunja. El 24 de mayo del mismo año, con Baraya y los oficiales de éste, firmó el Acta de Sogamoso, por la cual desconocían la autoridad de Antonio Nariño. Estuvo presente en los combates de Palo Blanco (19 julio), Charalá (21 julio) y Ventaquemada (2 diciembre); acciones de la guerra civil que sostuvieron los federalistas (mandados por Baraya) contra los centralistas (acaudillados por Nariño). El 9 de enero de 1813 combatió en la batalla de Santa Fe de Bogotá  (Baraya contra Nariño) y se contó entre los prisioneros capturados por Nariño, el vencedor de la jornada. Es uno de los oficiales enviados por el gobierno de la Unión a las órdenes del brigadier Simón Bolívar, en abril o mayo de 1813, cuando éste, en Cúcuta, preparaba la invasión a Venezuela en la llamada Campaña Admirable, en la cual tomó parte. Combatió en Niquitao bajo las órdenes del coronel José Félix Ribas (2 julio) y en Taguanes con Bolívar (31 julio). Terminada la campaña, marchó a Puerto Cabello y en combinación con el teniente coronel Atanasio Girardot, peleó contra las fuerzas realistas de aquella plaza. En septiembre recibió el despacho de teniente coronel efectivo que le enviaba el gobierno de Nueva Granada. Combatió en la batalla de Bárbula  (30 septiembre). El 5 de octubre de dicho año fue ascendido a coronel vivo y efectivo, con el grado de general de brigada. Entre el 12 y el 17 de marzo de 1814, resistió el sitio que le impuso el coronel Sebastián de la Calzada en la ciudad de San Carlos, y el de Valencia por el brigadier José Ceballos (20 marzo-2 abril). Con Bolívar combatió en la primera batalla de Carabobo (28.5.1814) y obtenida la victoria, se ocupó de la persecución de los vencidos. Cuando se produjo la batalla de La Puerta (15.6.1814), en la cual fue derrotado Bolívar por José Tomás Boves, Urdaneta emprendió la retirada hacia Nueva Granada, perseguido por las tropas de Calzada. En Tunja puso sus tropas a la orden de Bolívar quien, desde Carúpano, había emigrado hasta allí. Con Bolívar operó en Santa Fe de Bogotá  contra Manuel Bernardo Álvarez (diciembre 1814), y como resultado de dicha acción, fue ascendido a general de división el 5 de enero de 1815. A comienzos de 1815, con un batallón, marchó a la frontera de Cúcuta, amenazada por Calzada y el teniente coronel Remigio Ramos. El 25 de noviembre de 1815 fue derrotado en el combate de Chitagá  por Sebastián  de la Calzada cuando este jefe, desde Guasdualito, marchaba con una división hacia Santa Fe de Bogotá.  Como consecuencia de este revés, Urdaneta fue llamado a Tunja para que diera cuenta de su conducta y fue absuelto a comienzos de 1816. Ese mismo año fue enviado a Casanare en busca de soldados de caballería destinados a la formación de una unidad de esta arma en Tunja. La ofensiva del general Pablo Morillo en Tunja y  áreas adyacentes, dejó sin efecto esta comisión; entonces pasó al Apure, donde se puso bajo las órdenes del general José Antonio Páez,  y con este jefe llevó a cabo algunas acciones, entre ellas, la batalla de El Yagual (11.10.1816). A comienzos de 1817 pasó a Barcelona, a las órdenes de Bolívar, y cuando éste marchó a Guayana en marzo de dicho año, Urdaneta quedó con el general en jefe Santiago Mariño, hasta agosto del mismo año cuando se incorporó nuevamente a las fuerzas de Bolívar en la Antigua Guayana. En 1818 tomó parte en las actuaciones finales de la campaña del Centro: incursión sobre los valles de Aragua y batalla de Semén (16 marzo); en esta batalla, recibió una herida leve. En 1819 abrió operaciones en Margarita contra las costas de Barcelona y Cumaná,  como parte de los planes de Bolívar para la campaña de liberación de Nueva Granada; el 18 de julio tomó el Morro de Barcelona y el 22 del mismo mes la ciudad de Barcelona; de allí siguió hacia Cumaná  donde trató de tomar la batería de Aguasanta los días 3 al 5 de agosto. De regreso de Nueva Granada, Bolívar lo nombró comandante de la Guardia de Honor, por muerte de su titular, el general de división José Antonio Anzoátegui.  En 1821 condujo desde Maracaibo su división a través de la provincia de Coro, a la cual liberó, y de allí siguió hacia San Carlos a la concentración que hacía Bolívar en aquella ciudad, para llevar a cabo la ofensiva final contra los realistas mandados por el mariscal de campo Miguel de la Torre, en Carabobo. Desde Barquisimeto, la división fue conducida por el coronel Antonio Rangel, pues Urdaneta se vio imposibilitado para hacerlo, debido a serios quebrantos de salud. El 17 de julio del mismo año fue ascendido a general en jefe. En 1822 ejerció el cargo de comandante general del departamento de Cundinamarca y presidente de la Comisión de Repartimiento de Bienes Secuestrados. Ese mismo año, el 31 de agosto, contrajo matrimonio con la bogotana Dolores Vargas París y Ricaurte. Entre 1823 y 1824 ejerció la presidencia del Senado de Colombia y desde marzo de 1824 hasta julio de 1827 gobernó como intendente, el departamento del Zulia. Desde 1828 hasta 1829 desempeñó la cartera de Guerra y Marina y, en 1830, después del movimiento que derrocó al presidente Joaquín Mosquera, asumió la máxima  magistratura de Colombia, hasta el 28 de abril de 1831, cuando, por efecto del Convenio de las Juntas de Apulo, renunció en favor del general de brigada Domingo Caicedo. Ese año abandonó Nueva Granada y se trasladó a Curazao, donde permaneció hasta fines de 1832. Fijó entonces residencia en la provincia de Coro, entregado a las faenas del campo. En 1834 se trasladó a Maracaibo, comisionado por el gobierno, para restablecer el orden constitucional. En 1835 actuó nuevamente contra el movimiento reformista encabezado por Pedro Carujo; en aquella ocasión se desempeñó como segundo comandante del Ejército de la República. En 1837 el presidente de la República lo nombró secretario de guerra, empleo que desempeñó hasta 1839. En 1842 ejerció el cargo de gobernador de la provincia de Guayana y a fines de ese mismo año, hallándose  ya en Caracas, participó de un modo destacado en las ceremonias de la traída de los restos del Libertador en su condición de presidente de la Sociedad Bolivariana; en 1843 volvió a la cartera de Guerra y Marina, donde permaneció hasta su muerte. En 1845 partió para España con la investidura de enviado extraordinario y ministro plenipotenciario ante el gobierno de aquel Estado, con el encargo especial de canjear las ratificaciones del Tratado de Reconocimiento, de Paz y Amistad, celebrado en Madrid el 30 de marzo de ese año y aprobado por las cámaras  del Congreso de Venezuela. Durante el viaje hizo escala en Londres y allí se sometió a un examen médico, pues sus viejas dolencias habían hecho crisis. Los facultativos le indicaron la necesidad de una intervención quirúrgica; pero Urdaneta, deseoso de llevar a feliz término la comisión que le condujo a Europa, aplazó el tratamiento y partió para París. En esta ciudad se agravó, y después de varios días en cama falleció. Había sido distinguido con la Orden de los Libertadores de Venezuela. Su actuación guerrera puede resumirse así: estuvo presente en 26 batallas, 9 sitios y 2 asaltos a fortalezas. Sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 16 de mayo de 1876.    H.B.B.



BIBLIOGRAFÍA: directa: URDANETA, RAFAEL. Archivo del General Rafael Urdaneta: documentos para la historia del máximo  héroe del Zulia; comp. Ángel Francisco Brice. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República, 1970-1972. 5 Epistolario: Bolívar-Rafael Urdaneta, Rafael Urdaneta-Bolívar. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República, 1983;  Memorias. Caracas: Biblioteca de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, 1987; El origen de nuestro glorioso emblema nacional. Maracaibo: Empresa Panorama, 1941. Indirecta: ARBELÁEZ URDANETA, CARLOS. Biografía del general Rafael Urdaneta, último presidente de la Gran Colombia. Caracas: Congreso de la República, 1988; BLANCO FOMBONA, RUFINO y otros. General en jefe Rafael Urdaneta. Caracas: Archivo General de la Nación, 1979; BOLÍVAR B., PEDRO MODESTO. El general Rafael Urdaneta y su culto al Libertador. [Maracay: s.n.], 1989; BORGES ROSALES, JULIO CÉSAR. Síntesis biográfica  del general Rafael Urdaneta. Maracaibo: s.n., 1969; BOTERO SALDARRIAGA, ROBERTO. El libertador presidente; El intruso; República de la Nueva Granada. Bogotá:  Kelly, 1969; BRICE, ÁNGEL FRANCISCO. La supuesta enemistad entre Bolívar y Urdaneta. Caracas: Tipografía Principios, 1963; __. Santander sentenciado por Urdaneta. Caracas: Editorial Élite, 1948; __. Urdaneta, presidente de la Gran Colombia. Caracas: Ediciones Perfiles, 1945; BRICEÑO PEROZO, MARIO. Bolívar y Urdaneta. Caracas: s.n., 1981; __. Rafael Urdaneta, o la probidad heroica. Caracas: Italgráfica,  1989; COVA, JESÚS ANTONIO. Urdaneta, arquetipo de venezolanidad. Caracas: Impresores Unidos, 1945; General en jefe Rafael Urdaneta: memorial histórico; con una síntesis biográfica  por Rufino Blanco Fombona. [Caracas: s.n., 1945]; CUENCA, HÉCTOR. La palabra encendida: prosa pública. Caracas: Ministerio de Educación, 1957; DÁVILA, VICENTE. Historial genealógico de la familia del general Rafael Urdaneta y su descendencia. Caracas: s.n., 1945; Fragmentos históricos de la vida militar del general Rafael Urdaneta en su centenario: 24 de octubre de 1888. Maracaibo: Imprenta Americana, 1888; GUZMÁN, PEDRO. Las cimas y el  ápice de la vida de Urdaneta... Maracaibo: Empresa Panorama, 1944; Honores fúnebres al general Rafael Urdaneta... Caracas: Oficinas de «El Nacional», 1864; ILLARAMENDI, ROGELIO. Facetas de El brillante: poliedro histórico. Maracaibo: Sociedad Bolivariana de Venezuela, 1981; LUNA, LUIS E. General Rafael Urdaneta, 1788-1988: síntesis biográfica.  [Maracaibo: s.n., 1988]; MALDONADO MICHELENA, VÍCTOR. Trayectoria militar del general Rafael Urdaneta. Caracas: Imprenta Nacional, 1952; MONROY DE PINO, GLADYS. Urdaneta: civil, soldado y político. Caracas: s.n., 1986; MONTIEL MOLERO, CARLOS. La personalidad del general Urdaneta como legislador y como magistrado... Maracaibo: [Empresa Panorama], 1944; MUDARRA, MIGUEL ÁNGEL. Rafael Urdaneta 1789-1845. Caracas: Grijalbo, 1991; PÉREZ ESCLARÍN, ANTONIO. Rafael Urdaneta. Maracaibo: Comisión Presidencial para el Bicentenario del Natalicio del general Rafael Urdaneta, 1987; __. Rafael Urdaneta: ejemplo de juventudes. Maracaibo: Ediciones Nueva América, Fe y Alegría, 1988; PINTO, VICENTE ALFONSO. Urdaneta y el Zulia... [Caracas]: Institución Zuliana, [1945]; RAMÍREZ, EDITO JOSÉ. Trayectoria oficial del general en jefe don Rafael Urdaneta, ilustre patriota y glorioso paladín de la Independencia americana. Buenos Aires: Fomento del Libro Americano, 1949; RIVAS, JOSÉ MARÍA. Biografía del ilustre prócer general Rafael Urdaneta. Maracaibo: Imprenta Bolívar Alvarado, 1888; ROMERO LUENGO, ADOLFO y otros. Dimensión de Urdaneta: una personalidad al servicio de la justicia y de la libertad, 1788-1988. Caracas: PEQUIVEN, 1988; __. Presencia vital de Urdaneta en la emancipación y el gobierno de Colombia la grande: renovación estructural de la visión histórica del proceso de la Independencia realizada por Bolívar. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República, 1981. 2 v.; SALVATI, MANUEL. La grandeza moral del general Rafael Urdaneta. Caracas: s.n., 1961; SÁNCHEZ, JESÚS LEOPOLDO. Rafael Urdaneta.



   RAFAEL  URDANETA

lunes, 5 de septiembre de 2016

Domingo Maza Zavala



El Dr. Domingo Felipe Maza Zavala, nació en Barcelona, Estado Anzoátegui, el 04 de noviembre de 1922. Fallece 7 de noviembre de 2010.Su madre fue la maestra de escuela Luisa Zavala y del periodista Domingo Maza. Se graduó como economista en la Universidad Central de Venezuela (UCV) en el año 1949 en la promoción “Santos Michelena”. Obtuvo el título de doctor, en esta misma universidad en (1962). Ha sido profesor de Economía en la UCV, Director del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales(1963-68). Miembro del Consejo Técnico del Centro de Estudios del Desarrollo , (1963-71) y Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (1972-75). Ha sido también Profesor de Dinámica Económica en la Universidad Católica Andrés Bello y en la Universidad Santa María y Coordinador de los Cursos de Postgrado en Economía y Administración de la Universidad Santa María (1984). En 1983 formó parte de los economistas encargados de fundar la Academia Nacional de Ciencias Económicas (ANCE).
Merecedor de numerosos reconocimientos, entre los cuales se pueden mencionar: Premio Nacional de Ciencia 1998, mención Ciencias Sociales y Humanas por el Consejo Nacional de Investigaciones Científica y Tecnológicas (CONICIT), Premio Nacional de Periodismo; Premio Humboldt al educador. Igualmente fue reconocido con el título de Doctor Honoris Causa de las Universidades: del Zulia, los Andes, Carabobo, Santa María en Venezuela y Simón Bolívar de Colombia.

La teoría de la dependencia y Tercer Mundo

  Consideraciones generales Domingo Maza Zavala, economista venezolano, fue parte fundamental en el desarrollo y consolidación de la teoría dependentista en el pensamiento económico nacional. Junto con otros economistas y sociólogos propició las pautas epistemológicas, económicas y políticas de esta teoría que desarrolló en las décadas sesenta y setenta una perspectiva revolucionaria en nuestro país. La teoría de la dependencia fue una respuesta histórico-política de los países del Tercer Mundo contra el imperialismo. Ésta, desentrañó el proceso histórico de estas naciones que fueron objeto de la dominación y explotación del capitalismo mundial. Esta dominación y explotación fue la causa de la miseria, atraso y subdesarrollo de dichos países. Los intelectuales y políticos del tercer Mundo definieron este proceso como una categoría de relevancia histórica: capitalismo dependiente. Esta circunstancia, según los autores de esta corriente, imposibilitaba un desarrollo nacional en el marco del capitalismo y la única vía para atacar los problemas del subdesarrollo era la socialista. Las fuerzas imperialistas justificaban ideológicamente el atraso, la pobreza y el estancamiento de las fuerzas productivas mediante razones geográ- ficas, culturales y étnicas. Para estos ideólogos del etnocentrismo, nuestros hombres y mujeres de esta otra parte del mundo, carecían de una cultura que valorizara el trabajo, el dinero y el mercado. Todo lo contrario, las naciones desarrolladas, en su mayoría ligadas al protestantismo, revalorizaban el esfuerzo productivo y la disciplina del trabajo. En todo caso salir del subdesarrollo y del atraso, según los teóricos del imperio, sólo era posible mediante la incorporación de estas naciones del sur al proceso de modernización propiciado por el capitalismo internacional. La teoría del funcionalismo, la teoría de Rostow y la Alianza para el Progreso eran los caminos para salir del atraso. Mediante el tránsito histórico de sociedades tradicionales a sociedades modernas. Sin embargo, el proceso de descolonización (1945), la Revolución China (1949) y la Revolución Cubana (1959) modificaron esa forma de entender el proceso histórico de los países del Tercer Mundo. En ese marco, emergió una nueva perspectiva científica para analizar la dinámica histórica de nuestros países con relación al capitalismo mundial. En ese sentido, la teoría dependentista fue el aporte más significativo del pensamiento económico y político del Tercer Mundo para abordar tan complejo problema. Por supuesto, la teoría marxista clásica y la Número 29 / enero-junio 2006 171 domingo maza zavala y su aporte a la teoría de la dependencia, pp. 169-185 Tercera Internacional Comunista (1919) fueron antecedentes importantes que posibilitaron el nacimiento de esa teoría. No obstante, estas teorías resultaron insuficientes para promover una imagen más científica sobre nuestros problemas económicos y sociales. Para esas corrientes ideológicas, el camino era una revolución democrática-burguesa que promoviera de forma gradual y evolutiva una reforma agraria y un proceso de industrialización para sentar las bases del socialismo. Los teóricos dependentistas, rechazaron esa vía por cuanto no era posible en nuestras circunstancias históricas. Por el contrario, era necesaria una revolución social aboliera el capitalismo dependiente y creara una sociedad socialista. No cabe la menor duda, que la revolución cubana influyó en esa dirección. Venezuela no escapó al influjo del pensamiento dependentista que se gestó en los países del Tercer Mundo. Antes que se iniciara una reflexión de tal naturaleza en nuestro país, el pensamiento económico y político venezolano del siglo XIX y parte del siglo XX fue marcado por la doctrina positivista. Se produjeron algunas reflexiones que intentaron explicar nuestro atraso por razones geográficas y raciales. Aún más: según los positivitas carecíamos del espíritu moderno porque teníamos raíces de la cultura católica, hispánica, africana e indígena. Para Lisandro Alvarado, Gil Fortoul, Pedro Manuel Arcaya, nuestros hombres y mujeres carecían de disposición para el trabajo y la modernidad. Además, los consideraban salvajes por cuanto no poseían nociones sobre la ética del trabajo y del capitalismo. Para estos positivistas, el país sólo alcanzaría el desarrollo a través de la educación y el saneamiento de su razas. Por ejemplo, Arturo Uslar Pietri no estuvo al margen de estas corrientes positivistas. Mantuvo una visión antropológica coherente con esas percepciones derivadas del positivismo. Así, en la década de los años treinta, propuso una clasificación sobre la estructura étnica del español, indígena y africano. Sobre el primero sostuvo.

No
DESCAPITALIZACIÒN Y NUEVA
ACUMULACIÓN


 La descapitalización de la economía venezolana tiene dos aspectos igualmente preocupantes: uno es que el desgaste y la obsolescencia del aparato productivo existente a comienzo de 1983, cuando se hizo manifiesta la crisis de la balanza de pagos, no pueden ser repuestos al ritmo en que se realizan, ya que la inversión bruta real es insuficiente en términos macroeconómicos; otros es que el ahorro financiero global, deducida la amortización de la deuda externa, no cubre las necesidades de inversión aun al nivel deprimido que se mantiene en estos años. Por tanto una exigencia fundamental es la reorganización del proceso de acumulación para lo cual todavía el excedente petrolero puede constituir una vertiente, aunque no en la dimensión alcanzada en el período 1974-81. El crecimiento de nuevas actividades productivas en tres direcciones principales: la diversificación orgánica del esquema de exportaciones, la profundización de la sustitución de importaciones y el autoabaste- 66 cimiento relativo en bienes esenciales de consumo, proporciona el escenario para un nuevo modelo de acumulación vinculado a un patrón de consumo que manifieste preferencia a la satisfacción de las necesidades básicas y el mejoramiento de la calidad de vida. El modelo de acumulación que emerge de la crisis tiene que sustentarse en la participación de nuevos actores y factores sociales. El modelo que propició el Estado administrador de la afluencia petrolera, propicia aun a pesar de la caída del excedente bajo su dominio, fue concentrador, con fuertes rasgos monopolistas, atenuado mediante programas marginales de fomento de la pequeña y la mediana empresa. La mayor proporción de los recursos que facilitó el Estado, bajo diferentes programas (CVF, Fondo de Crédito Industrial, Fondo de Desarrollo Agropecuario, Fondo Desarrollo Urbano) o en la aplicación de políticas de fomento (exenciones y exoneraciones fiscales, subsidios, suministro de insumos de las industrias básicas, entre otros) benefició a la gran empresa y a los conglomerados económicos. En estos tiempos de graves dificultades y restricciones económicas los meca nismos de la concentración del capital han funcionado si se quiere más eficazmente que en la época de bonanza. Ello implica una distribución más regresiva del ingreso. Si se aplica a este análisis la teoría de los juegos, habría que decir que con la afluencia petrolera, concretamente en el período 1970-78, la distribución tomó la forma de juego suma variable positiva, en el cual, aunque las proporciones del incremento del ingreso fuesen muy dispares entre los participantes el resultado era un aumento del nivel absoluto para todos; en los años posteriores, hasta el presente, por lo general, el juego de la distribución ha sido de suma variable negativa, en que sin crecer el tamaño del ingreso real a distribuir, sino, por el contrario, reduciéndose, unos participantes han logrado mejorar su participación mientras que otros (la mayoría) han perdido en términos 67 absolutos. No es sostenible que un nuevo modelo de acumulación se establezca a expensas del menguado nivel de vida popular porque ello conduciría pronto a la frontera crítica del desequilibrio social en que el propio sistema democrático estaría en peligro inminente.

De la Bonanza a la Tutela: La Anatomía de un Colapso Económico

Para entender cómo un país con tanta fuerza financiera terminó en el escenario actual, hay que mirar la historia como una cadena de errores económicos y políticos que el Dr. Maza Zabala advirtió en su momento. La economía no perdona el irrespeto a sus leyes básicas.

1. El Espejismo de la Bonanza (1999) y la Destrucción del Aparato Productivo

A partir de 1999, Venezuela recibió la mayor cantidad de petrodólares de su historia debido al alza histórica de los precios del barril. En lugar de ahorrar en fondos de estabilización (como siempre aconsejó Maza Zabala desde el Banco Central), el gobierno de Hugo Chávez optó por el gasto descontrolado y una política agresiva de expropiaciones y embargos de empresas privadas. Al estatizar industrias petroleras, agrícolas y manufactureras, el Estado destruyó la producción nacional. Nos volvimos un país que no producía ni un clavo, dependiendo exclusivamente de las importaciones.

2. La Herencia del Caos y la Huida del Bolívar

Cuando Nicolás Maduro heredó el poder, la caída de los precios del petróleo desnudó la realidad: el país estaba quebrado y no producía nada. Para financiar el gasto público, el Banco Central comenzó a emitir dinero sin respaldo (dinero inorgánico). El resultado fue una hiperinflación destructiva.

Hoy, el bolívar es un fantasma. Como el ciudadano perdió la confianza en su moneda, la realidad económica impuso una anarquía monetaria. En un mismo territorio conviven cinco monedas para poder sobrevivir:

  • El Dólar y el Euro: Para transacciones comerciales mayores.

  • El Peso Colombiano y el Real Brasileño: Dominando las fronteras por necesidad de intercambio.

  • El Bolívar: Desplazado y devaluado, un vago recuerdo de soberanía monetaria.

3. El Quiebre Institucional y el Escenario de Película

Llegando a los acontecimientos recientes de enero de 2026, la captura y traslado de Nicolás Maduro por parte de las autoridades estadounidenses para enfrentar cargos de narcotráfico dejó un vacío institucional absoluto, asumido interinamente por Delcy Rodríguez.

Este evento geopolítico extremo provocó lo que en economía llamamos un bloqueo financiero total y de facto. Al estar el liderazgo bajo procesos judiciales internacionales, el sistema financiero global se congeló para Venezuela:

  • Parálisis del Banco Central: Nadie en el mundo financiero internacional se atreve a mover un solo dólar o euro del BCV por temor a severas sanciones.

  • La "Anexión Económica" o Estado 51: Aunque no existe una anexión política formal, el país ha quedado bajo una tutela económica total de los hilos financieros de EE.UU. Como bien señalas, a los intereses geopolíticos no les conmueve el estómago de la gente; el congelamiento de fondos paraliza el comercio, disparando aún más el costo de la vida y los productos básicos.

El Legado de Maza Zabala: El recuerdo de un gran país

Hubo una vez una Venezuela donde el Banco Central de Venezuela (BCV) era un templo de la ortodoxia económica, respetado mundialmente. Bajo la lupa de directores y pensadores como el Dr. Domingo Maza Zabala, el país entendía que la riqueza no se emite en una imprenta de billetes, se trabaja. Se entendía que el BCV debía ser autónomo para proteger el valor del dinero de los ciudadanos, no una caja chica del gobernante de turno.

Este testimonio queda como constancia de que la crisis actual no es un accidente de la naturaleza, sino el resultado predecible de haber abandonado la ciencia económica, la disciplina fiscal y el respeto a la propiedad privada que hombres sabios como Maza Zabala defendieron hasta el cansancio. Un recordatorio de que una vez existió un país próspero, y de las lecciones que se deberán aprender para reconstruirlo desde las cenizas.


jueves, 25 de agosto de 2016

Pollo KFC


Pollo con sabor KFC

El pollo previamente fresco sin malos olores,pinchar con el tenedor las piezas,para poder penetrar la mezcla,el aceite caliente al momento de sofreír,espero les quede sabroso,no dejar quemar las piezas.
Me gusto el sabor.










viernes, 5 de septiembre de 2014

Julius Erving

         Dr. J
    Julius Winfield Erving II (nacido el 22 de febrero de 1950 en Roosevelt, Nueva York), conocido popularmente como Dr. J, es un antiguo jugador de baloncesto estadounidense que destacó en las décadas de los 70 y los 80. Desarrolló su carrera profesional primero en la ABA y después en la NBA.

Erving ganó tres campeonatos, cuatro premios MVP y tres títulos de máximo anotador tanto en la ABA, con Virginia Squires y New York Nets, como en la NBA, con Philadelphia 76ers. Es el quinto máximo anotador de la historia del baloncesto profesional con 30.026 puntos (NBA y ABA combinados).

Erving fue nombrado uno de los 50 mejores jugadores de la historia de la NBA y en 1993 fue incluido en el Basketball Hall of Fame.  Además, fue uno de los pioneros del mate, popularizando el espectacular "Tomahawk".1
Después de que la ABA se desintegrase, los Nets, San Antonio Spurs, Denver Nuggets e Indiana Pacers se unieron a la NBA en la temporada 1976-77. Tras el incumplimiento de la promesa del propietario de los Nets Roy Boe de aumentar el sueldo de Erving, el jugador rechazó jugar en esas condiciones y Boe se vio obligado a venderle a Philadelphia 76ers.

Muy pronto se conviertiría en el líder de la franquicia, llevándoles a las Finales de la NBA, donde se enfrentaron a los Portland Trail Blazers de Bill Walton. Después de ponerse por delante por 2 victorias a 0, los de Oregón encadenaron 4 victorias consecutivas para conseguir el anillo de campeón.

Sin embargo, Erving disfrutó también del éxito fuera de la cancha, convirtiéndose en uno de los primeros jugadores en representar productos y en tener zapatillas comercializadas bajo su nombre. Por aquella época, apareció en un anuncio de televisión incitando a jóvenes admiradores a pedirle un autógrafo en un aeropuerto, refiriéndose a él desde ese momento como "Dr. Chapstick". También apareció en la película de comedia de baloncesto El Pez Que Salvó Pittsburgh (Basket music fue el título en España), en 1979.

En los años posteriores, Erving tiró del carro de un equipo que no estaba a su nivel, pero que llegaba con facilidad a las Finales de Conferencia. Con la irrupción de Larry Bird en Boston Celtics, se revivieron viejas rivalidades entre las dos ciudades del este, llegando incluso a protagonizar las estrellas de cada equipo uno de los primeros videojuegos deportivos de la historia, denominado Julius Erving-Larry Bird One-on-One (Julius Erving-Larry Bird Uno Contra Uno) de Electronic Arts.

En 1980, los Sixers llegaron nuevamente a las Finales, donde se encontrarían con Los Angeles Lakers, dirigidos por Magic Johnson. Los californianos acabaron venciendo 4-2, pero el Dr.J dejó para la historia una jugada inolvidable denominada Baseline Move, una espectacular entrada a canasta por detrás del tablero llevando el balón con una mano con el brazo totalmente estirado y sobre sí mismo para conseguir la canasta.4 girando
                          Baseline move





                Dr. J famous "Rock the Baby"           
   Cradle Dunk against the Lakers